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¿Necesita una máquina más rápida? Cómo saber si realmente falta capacidad

Palés de cartón acumulados a la espera de entrar en producción

Productividad · Inversión en maquinaria

¿Necesita una máquina más rápida? Cómo saber si realmente falta capacidad

¿Necesita una máquina más rápida? Cómo saber si realmente falta capacidad

Cuando se acumulan trabajos delante de una troqueladora, una plegadora-encoladora o una contraencoladora, es fácil llegar a una conclusión: necesitamos una máquina más rápida.

A veces es exactamente así.

La máquina está trabajando cerca de su capacidad real, los trabajos siguen llegando y producción ya no consigue absorberlos.

Pero también hemos visto muchas veces la situación contraria: una cola importante delante de una máquina que, en realidad, todavía tiene capacidad disponible.

El tiempo se está perdiendo en los cambios de trabajo, esperando material, haciendo ajustes, en una manipulación manual o porque el proceso siguiente no puede absorber lo que sale de la máquina.

Por eso, antes de pensar en una máquina más rápida, merece la pena hacerse una pregunta bastante sencilla: ¿nos falta realmente capacidad o estamos perdiendo la que ya tenemos?

En pocas palabras

  • Una cola delante de una máquina es una señal, no necesariamente un diagnóstico.
  • Velocidad máxima y producción efectiva no son lo mismo.
  • En tiradas cortas, los cambios y ajustes pueden pesar tanto como la velocidad.
  • Antes de aumentar capacidad conviene comprobar qué ocurre antes y después de la máquina.
  • Una nueva máquina debería compararse utilizando los trabajos reales que tendrá que producir.

Cómo lo vemos en Vilarnaucart

Una acumulación de trabajo no significa automáticamente que falte otra máquina. Antes de hablar de velocidad, preferimos entender qué trabajos se están haciendo, cuánto tiempo está produciendo realmente la máquina y dónde se está perdiendo capacidad.

¿Falta realmente capacidad?

Una cola de palés delante de una máquina nos dice que hay un desequilibrio en algún punto de producción. Lo que no nos dice es cuál es la causa.

Imaginemos que cada día se acumula trabajo delante de una troqueladora. Antes de concluir que hace falta otra máquina o una troqueladora más rápida, nosotros intentaríamos responder algunas preguntas:

  • ¿La máquina pasa buena parte del turno produciendo de forma estable?
  • ¿La acumulación aparece de manera recurrente o solo con determinados trabajos?
  • ¿Cuánto tiempo se dedica a producir y cuánto a preparar, ajustar o esperar?
  • ¿Cuánto duran los cambios de trabajo?
  • ¿Cuánto tarda en salir la primera unidad conforme después de cada cambio?
  • ¿El proceso posterior podría absorber más producción?

Si la cola se repite y la máquina pasa buena parte del turno produciendo de forma estable, entonces sí merece la pena plantearse si falta capacidad.

Si, en cambio, descubrimos que cada día se pierden horas esperando troqueles, preparando materiales, haciendo ajustes o resolviendo incidencias, comprar más velocidad puede no cambiar demasiado el resultado final.

La máquina más rápida no siempre produce más

La velocidad máxima es un dato importante. Nosotros también la miramos cuando comparamos máquinas.

El problema aparece cuando se utiliza como único criterio.

En una fábrica real también cuentan el tiempo de preparación, los cambios de formato, la facilidad de ajuste, la estabilidad a velocidad sostenida, las microparadas y el tiempo que hace falta para conseguir la primera unidad conforme.

Un ejemplo teórico lo muestra bastante bien:

Velocidad nominal Horas produciendo conforme Hojas buenas / turno
Máquina A 5.500 hojas/h 4,25 h 23.375
Máquina B 4.000 hojas/h 6,5 h 26.000
Comparativa entre velocidad nominal y producción conforme por turno

Ejemplo teórico: la máquina nominalmente más lenta termina el turno con mayor producción conforme.

Evidentemente, esto no significa que una máquina más lenta sea mejor. Significa algo mucho más sencillo: la cifra de velocidad, por sí sola, no nos dice cuánto trabajo terminará una máquina durante un turno.

Si hacemos tiradas largas y estables, la velocidad sostenida puede ser decisiva.

Si hacemos muchos trabajos cortos, quizá sea más importante cambiar rápidamente de referencia, recuperar ajustes anteriores o conseguir antes la primera unidad buena.

Por eso preferimos comparar una máquina con la mezcla real de trabajos que tendrá que producir.

Cuatro situaciones que vemos al estudiar una inversión

No todas las fábricas llegan a una nueva inversión por el mismo motivo. Estas cuatro situaciones ayudan a ver por qué una misma acumulación de trabajo puede necesitar respuestas diferentes.

01

La máquina realmente se ha quedado corta

Hay trabajo pendiente de forma recurrente, la máquina produce de manera estable durante buena parte del turno y los procesos anterior y posterior pueden acompañar un aumento de producción. Aquí sí tiene sentido estudiar más capacidad.

02

La velocidad es suficiente, pero se pierde demasiado tiempo entre trabajos

Lo vemos especialmente cuando hay muchas referencias y tiradas cortas o medias. Puede que la solución no sea correr más, sino reducir preparación, ajustes y tiempo hasta conseguir la primera unidad conforme.

03

La máquina produce bien, pero lo que viene después no da abasto

Una troqueladora puede tener capacidad suficiente y, aun así, acumular trabajo porque después hay que pelar, manipular, voltear, embalar o paletizar manualmente. Poner una troqueladora más rápida puede limitarse a trasladar la cola unos metros más adelante.

04

Un proceso externo está condicionando los plazos

También ocurre que el problema no está en ninguna máquina de la fábrica. Si una operación como el contraencolado se subcontrata de forma recurrente, los transportes, las esperas y la planificación externa pueden acabar condicionando el plazo de entrega. Con determinados volúmenes, merece la pena estudiar si tiene sentido integrar ese proceso.

Volteador automático de pilas de cartón

A veces automatizar una manipulación tiene más impacto sobre el flujo que aumentar la velocidad de la máquina principal.

Qué mirar antes de invertir en más capacidad

No creemos que para una primera valoración haga falta convertir esto en un gran estudio de productividad.

Si un cliente nos plantea que necesita más capacidad, hay cinco cosas que nos interesa entender:

  • ¿La acumulación es recurrente?
    No es lo mismo una semana complicada que una máquina que lleva meses sin poder absorber la carga.
  • ¿Cuánto tiempo está produciendo realmente?
    Conviene separar producción de cambios, esperas, averías y ajustes.
  • ¿Dónde se pierde el tiempo?
    Una hora ajustando y una hora produciendo son dos problemas distintos.
  • ¿Qué ocurre antes y después?
    Más producción solo sirve si el resto del proceso puede alimentarla y absorberla.
  • ¿Qué trabajos deberá hacer la nueva máquina?
    Materiales, formatos, tiradas y frecuencia de cambios condicionan mucho la configuración que tendrá sentido.

Cómo comparamos una nueva máquina: empezamos por los trabajos

Cuando ya vemos que existe una necesidad real de capacidad, entonces llega la siguiente pregunta: ¿qué máquina y con qué configuración?

Aquí intentamos no empezar por la ficha técnica.

Cuando un cliente nos plantea una inversión, normalmente no empezamos preguntando qué velocidad busca. Empezamos por sus trabajos:

  • Qué productos fabrica.
  • Qué materiales utiliza.
  • Cuáles son sus formatos mínimos y máximos.
  • Qué tiradas son habituales.
  • Cuántos cambios hace.
  • Qué trabajos requieren más intervención del operario.
  • Cuáles generan más ajustes, desperdicio o repeticiones.
  • Y qué capacidad adicional quiere conseguir.

Con esa información ya tiene mucho más sentido hablar de velocidad, automatización, sistemas de registro, cambios de formato, alimentación, salida y opciones.

La mejor máquina no es necesariamente la que tiene la cifra de velocidad más alta. Es la que aporta más capacidad útil con los trabajos que realmente tiene que producir.

Esto es especialmente importante en procesos como el troquelado, plegado-encolado y contraencolado, donde dos trabajos aparentemente similares pueden comportarse de forma muy distinta según el material, el formato, la geometría o la longitud de la tirada.

Antes de pedir una oferta, cambiaríamos la pregunta

Preguntar “¿qué máquina produce más?” es completamente lógico.

Pero nosotros añadiríamos una segunda pregunta:

¿Qué configuración nos permitirá producir más trabajo conforme con nuestros materiales, formatos y tiradas reales?

A veces la respuesta será una máquina más rápida.

Otras veces tendrá más sentido una máquina con cambios más ágiles, mayor automatización, un sistema de alimentación diferente, stripping o blanking, una salida automatizada o simplemente una configuración mejor adaptada a los trabajos que hacemos cada día.

Al final, lo que buscamos no es comprar capacidad sobre el papel. Queremos que esa capacidad llegue a producción y se pueda utilizar.

Preguntas frecuentes

¿Cómo sé si realmente necesito una máquina de mayor capacidad?

Si hay trabajo pendiente de forma recurrente, la máquina pasa buena parte del tiempo produciendo de manera estable y los procesos anterior y posterior pueden acompañar un aumento de producción, hay buenos motivos para estudiar más capacidad. Si gran parte del turno se pierde en esperas o incidencias externas, primero conviene entender esas pérdidas.

¿Debo comparar las máquinas por hojas por hora?

Sí es un dato que conviene comparar, pero no de forma aislada. También miraría la velocidad estable con sus productos, los tiempos de cambio, los ajustes, el nivel de automatización y la producción conforme que puede conseguir durante un turno real.

¿Qué importancia tienen los tiempos de cambio?

Depende mucho del tipo de producción. En tiradas largas, unos minutos adicionales de preparación pueden tener poca importancia. Si hay muchos cambios diarios y tiradas cortas, la preparación y la repetibilidad pueden ser determinantes.

¿Puede ser mejor automatizar que sustituir una máquina?

En algunos casos, sí. Si la máquina principal tiene capacidad pero el trabajo se frena en la alimentación, el pelado, la manipulación, el volteo, la salida o la paletización, actuar sobre esa operación puede aportar más capacidad efectiva que aumentar únicamente la velocidad de la máquina.

¿Qué información conviene preparar antes de pedir una oferta?

Nos ayuda mucho conocer formatos, materiales, tipos de trabajo, tiradas habituales y frecuencia de cambios. Y, si es posible, ver ejemplos de los trabajos que actualmente condicionan más la producción. Con eso podemos hablar de una configuración concreta y no únicamente de especificaciones.

Hablemos de producción

¿Está valorando ampliar capacidad?

Si está estudiando una nueva troqueladora, plegadora-encoladora, contraencoladora o laminadora, podemos empezar por algo muy sencillo: ver qué trabajos necesita producir.

Formatos, materiales, tiradas, volúmenes y cómo los está resolviendo hoy. A partir de ahí podemos valorar qué tipo de máquina y qué configuración tienen sentido.

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